PREPARAR:

Pacificar el corazón: Date un espacio adecuado para la oración.

Invocar al Espíritu Santo: Pídele al Espíritu Santo que te de luz para entender las escrituras.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Oh Dios, que llenaste los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo; concédenos que, guiados por el mismo Espíritu, sintamos con rectitud y gocemos siempre de su consuelo. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

LEER:

¿Qué me dice el texto?

Lee atentamente la lectura bíblica:  Ponte en contexto, fíjate en los personajes, acciones, sentimientos, etc.

Puedes encontrar la frase que te impacte y detente en ella.

Lectura del santo evangelio según San Marcos (6, 1-6): 

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?» Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Palabra del Señor,

Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITAR CON SAN AGUSTÍN

Ustedes saben que todos nosotros tenemos un único Maestro y que, bajo su magisterio, somos condiscípulos. Y no soy maestro de ustedes por el hecho de hablar desde un puesto más elevado. El maestro de todos es el que habita en todos nosotros. Él nos hablaba ahora a todos en el evangelio y nos decía lo que también yo digo a ustedes. Pero él dice refiriéndose a nosotros, a ustedes y a mí: Si se mantienen en mi palabra; no ciertamente en la de quien está hablando ahora, sino en la de él que nos hablaba ahora por medio del evangelio. Si se mantienen en mi palabra —dice—, serán verdaderamente discípulos míos. Llegar a ser discípulo es poca cosa; lo importante es permanecer siéndolo. Porque no dice: «si ustedes oyen mi palabra», o «si ustedes tienen acceso a mi palabra», o «si ustedes alaban mi palabra»; mira, sino, lo que dice: Si se mantienen en mi palabra, serán verdaderamente discípulos míos, y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres3¿Qué estoy diciendo, hermanos? Permanecer en la palabra de Dios ¿produce fatiga o no? Si la produce, contempla cuán grande es el premio; si no la produce, recibes gratuitamente el premio. Permanezcamos, pues, en aquel que permanece en nosotros. Nosotros, si no permanecemos en él, caemos; en cambio él, si no permanece en nosotros, no por eso se queda sin casa. Efectivamente, sabe permanecer en sí quien nunca se aleja de sí. En cambio, ¡lejos del hombre que se perdió a sí mismo permanecer en sí! Por tanto, permanezcamos nosotros en él por indigencia, que él permanece en nosotros por misericordia (San Agustín, Sermón 134, 1).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL:

¿Es Cristo para mi comunidad el Maestro Común e Interior, y practica docilidad cultivando la Interioridad?

El desánimo ante las dificultades al testimoniar a Cristo en mi entorno, ¿acaso esconde alguna pretensión de protagonismo, de mostrar resultados?

COMPROMISO:

Realiza un compromiso para vivir el Evangelio y predicarlo sin medir resultados humanamente, sino acompañando la acción con la oración.

ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN:

Bienaventurado el que te ama a ti, Señor, y al amigo en ti, y al enemigo por ti, porque únicamente no podrá perder al amigo quien tiene a todos por amigos en aquel que no puede perderse. Y, ¿quién es éste sino nuestro Dios, el Dios que «ha hecho el cielo y la tierra»? Nadie, Señor, te pierde, sino el que te deja  (San Agustín, Confesiones 4, 9, 14).

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