26 DE SETIEMBRE – DOMINGO 26º DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO B)

PREPARAR:

Pacificar el corazón: Date un espacio adecuado para la oración.

Invocar al Espíritu Santo: Pídele al Espíritu Santo que te de luz para entender las escrituras.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Oh Dios, para quien todo sentimiento está patente, y a quien habla toda voluntad y para quien ningún secreto queda escondido, por medio de la infusión del Espíritu Santo purifica los pensamientos de nuestro corazón, para que podamos merecer amarte perfectamente y alabarte con dignidad. Por Cristo nuestro Señor. Amén

LEER:

¿Qué me dice el texto?

Lee atentamente la lectura bíblica:  Ponte en contexto, fíjate en los personajes, acciones, sentimientos, etc.

Puedes encontrar la frase que te impacte y detente en ella.

Lectura del santo evangelio según san Marcos (9, 38-43.45.47-48):
En aquel tiempo, Juan dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y se lo hemos prohibido, porque no es de nuestro grupo.»
Jesús replicó: «No se lo prohíban, porque nadie que haga un milagro en mi nombre puede luego hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Les aseguro que el que les dé a beber un vaso de agua porque son del Mesías no quedará sin recompensa. Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran del cuello una piedra de molino y lo echaran al mar. Y si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela. Más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos al fuego eterno que no se extingue. Y si tu pie es ocasión de pecado para ti, córtatelo. Más te vale entrar cojo en la vida, que ser arrojado con los dos pies al fuego eterno. Y si tu ojo es ocasión de pecado para ti, sácatelo. Más te vale entrar tuerto en el reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al fuego eterno, donde el gusano que roe no muere y el fuego no se extingue.»

Palabra del Señor,

Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITAR CON SAN AGUSTÍN:

Como nada has traído a este mundo, nada te llevarás de él. Envía hacia arriba lo que has encontrado y no lo perderás. Dáselo a Cristo, pues él quiso recibir aquí abajo. Dáselo a Cristo, y no lo pierdes. No lo pierdes si lo confías a tu criado, ¿y vas a perderlo si lo confías a Cristo? No pierdes lo que has adquirido si se lo confías a tu criado, ¿y lo pierdes si confías a tu Señor lo que has recibido de él? Cristo quiso padecer necesidad en este mundo, pero por nosotros. Cristo pudo alimentar a cuantos pobres ves, del mismo modo que, mediante el cuervo, alimentó a Elías. Sin embargo, también a él le quitó el cuervo para que lo alimentara la viuda (San Agustín, Sermón 39, 4, 6).

PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL:

Siempre en camino, la visita a Cafarnaún es ocasión para profundizar en muchas aspectos. ¿Qué implica seguir a Jesús? Por un lado, no creerse depositarios exclusivos del anuncio del Reino, por ser el grupo más cercano a Jesús: se desvelan así, una vez más, deseos de dominar o de considerarse superiores a otras comunidades (distintas por religión, etnias, culturas), deseos que podríamos guardar y expresar en nuestro estilo o mensaje, pero en contraste directo con los planes de Dios, quien es generoso y Bien Común, y llama a todo el género humano para ser destinatarios de Jesús y sus discípulos.

Por otro lado, la palabra de Jesús ofrece a sus discípulos una instrucción para la vida comunitaria, para cuidarnos mutuamente, para ser sus seguidores según el modelo del servicio: hay que exigirnos para no motivar la caída del hermano, sobre todo de los más indefensos, por medio del escándalo; debemos tener opciones claras y coherentes en el modelo de seguimiento de Jesús, practicar una apertura al proyecto de Jesús que nos lleva a una vida plena en comunión, lo que exige un rechazo al mal y a lo que pueda causar nuestra muerte a los ojos de Dios.

En esa perspectiva, San Agustín nos invita a entregar a Cristo lo que tenemos, lo que somos. Cristo, al pasar necesidad por el otro, podría estar motivándonos a actuar sin exclusivismos y en apertura a la necesidad del otro. Darlo a Cristo, en efecto, consiste en donarse y donar a quienes son presencia de Cristo en nuestras vidas: necesitados, enfermos, pobres, migrantes.

COMPROMISO:

Revisa esta semana, en cada noche, qué momentos tuviste para darte a Cristo, y si alcanzaste, de alguna manera, a cumplir con esta radicalidad, seguramente dejando y cortando algo que te alejaba y disuadía de ello.

ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN:

Señor Dios, danos la paz, puesto que nos has dado todas las cosas; la paz del descanso, la paz del sábado, la paz sin ocaso. Porque todo este orden hermosísimo de cosas muy buenas, terminados sus fines, pasará; y por eso se hizo en ellas mañana y tarde (San Agustín, Confesiones 13, 35, 50) 

Recursos relacionados