02 DE ENERO – DOMINGO EPIFANÍA DEL SEÑOR. SOLEMNIDAD (CICLO C)

PREPARACIÓN: 

Pacificar el corazón: Date un espacio adecuado para la oración.

Invocar al Espíritu Santo: Pídele al Espíritu Santo que te dé luz para entender las Escrituras.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Oh Dios, para quien todo sentimiento está patente, y a quien habla toda voluntad y para quien ningún secreto queda escondido, por medio de la infusión del Espíritu Santo purifica los pensamientos de nuestro corazón, para que podamos merecer amarte perfectamente y alabarte con dignidad. Por Cristo nuestro Señor. Amén. 

LECTURA:

¿Qué me dice el texto? 

Lee atentamente la lectura bíblica:  Ponte en contexto, fíjate en los personajes, acciones, sentimientos, etc.

Puedes encontrar la frase que te impacte y detente en ella.

Lectura del santo evangelio según san Mateo (2, 1-12):

Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo».

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y toda Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:

«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

“Y tú, Belén, tierra de Judá,

no eres ni mucho menos la última

de las poblaciones de Judá,

pues de ti saldrá un jefe

que pastoreará a mi pueblo Israel”».

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisarán el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

«Vayan y averigüen cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encuentren, avísenme, para ir yo también a adorarlo».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.

Palabra del Señor, 

Gloria a ti, Señor Jesús

MEDITACIÓN CON SAN AGUSTÍN:

Epifanía es un término griego que puede traducirse por manifestación. En efecto, al manifestarse en este día, el Redentor de todos los pueblos lo hizo festivo para todos ellos. Hace pocos días celebramos su nacimiento, hoy celebramos su manifestación. […] Aquellos magos fueron los primeros gentiles en conocer a Cristo el Señor. Sin verse sacudidos por su palabra, siguieron la estrella que se les manifestó y, cual lengua del cielo, les hablaba de manera visible de la Palabra que aún no hablaba. Por ello, pareció justo, y lo es en realidad, que los gentiles reconocieran con ánimo agradecido el día de la salvación de quienes fueron sus primicias y lo dedicaran con obsequiosa solemnidad y acción de gracias a Cristo, el Señor. A su vez, fueron primicias de los judíos en orden a la fe y revelación de Cristo los pastores que, desde las cercanías, llegaron a verlo el mismo día que nació. A aquellos se les anunció una estrella; a éstos, los ángeles. A estos se les dijo: Gloria a Dios en lo alto (Lc 2, 14); en aquellos se hizo realidad el salmo: Los cielos proclaman la gloria de Dios (Sal 18, 2). Unos y otros, cual primeras piedras de dos paredes con distinta dirección, la de la circuncisión y la de la no-circuncisión, se juntaron en la piedra angular, para que fuese su paz, haciendo de las dos una sola cosa (Sermón 203, 1).

REFLEXIÓN:

Al inicio de su evangelio, san Mateo nos ofrece este relato que integra varios elementos con la intención de completar la presentación de su personaje principal. Tenemos datos espacio-temporales, pero es claro que se busca exponer el alcance de la Buena Nueva: desde un punto firme en el tiempo y en el espacio, la luz y salvación del Mesías nacido es un regalo divino para todo pueblo y cultura. Se cuenta con el rechazo y miedo de muchos a esta presencia y a esta novedad, fruto del temor por perder lo propio, de la no comprensión o dureza de corazón para acoger un nuevo camino de diálogo y comprensión. En cambio, para quienes lo acogen y son agradecidos, el fruto es la alegría desde un corazón que ama sin hacer cuentas, que busca el bien común y pone su esperanza en las promesas y presencia amorosa de Dios. Sabemos ya que tendemos al encuentro de todos los pueblos en Cristo, como expresa voluntad de Dios por construir la unidad entre los pueblos y entre todos los pueblos y Él. Este detalle marca el pensamiento y la espiritualidad agustiniana: a Dios, bien común, tendemos todos con inquietud; lo buscamos viviendo la unidad interior ayudados de Cristo, Maestro interior; fortalecidos por su Espíritu vivimos en comunidad (eclesial, conventual, familiar, social), cultivando la fraternidad y la amistad; finalmente, desde la Iglesia, salimos y lo proclamamos con la vida y con la predicación.

COMPROMISO:

¿Cómo podrías atender mejor, desde tu comunidad, a la unidad? ¿Qué tarea u objetivo integrar en tu Plan o Proyecto (personal y comunitario) para el 2022, que acoja esta voluntad divina?

ORACIÓN FINAL:

Señor Dios, danos la paz, puesto que nos has dado todas las cosas; la paz del descanso, la paz del sábado, la paz sin ocaso. Porque todo este orden hermosísimo de cosas muy buenas, terminados sus fines, pasará; y por eso se hizo en ellas mañana y tarde (Confesiones 13, 35, 50).

 

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